El Hotel California cierra sus puertas

Hace dos semanas el mundo entero se conmovió por las muertes de David Bowie y Alan Rickman. A pesar de que nunca he seguido su trabajo, me sentí absolutamente conmocionada. Bowie era una de esas personas que simplemente creías que viviría para siempre y Rickman fue parte de la infancia de todos los que crecimos con Harry Potter. Ambos eran grandes en lo que hacían.

Sin embargo, también nos dejó otra estrella sobre la que pocos comentarios se han hecho. Glenn Frey, guitarrista, cantante y escritor del legendario grupo Eagles falleció el 18 de Enero por una serie de complicaciones tras una cirugía intestinal. Mi padre me mandó un mensaje para darme la noticia, muy apenado. En ese momento yo estaba trabajando y no pude pensar en qué significaba su muerte para mí. Un hombre del que no conocía más que el nombre y la música, cuyo aspecto no podía recordar, pero que era tan importante en mi vida. ¿Por qué?

Cuando trato de visualizar la esencia de una persona, muchas veces la imagino como un almacén lleno de cajas. Cada una de las cajas contiene trozos de aquellas cosas que conforman el ser de cada uno. En mi caso, una de esas cajas está dedicada a la música. Contiene cajones para las canciones que bailé de pequeña en el colegio, para los “openings” de las series que veía con ocho añitos, los felices reencuentros con artistas que había olvidado, los descubrimientos de nuevos grupos en el último año, los conciertos a los que he asistido. Hay un cajoncito en el que guardo el recuerdo de pedirle a mis padres que me pusieran a “la de la gota” y “el de la trompeta” (tambien conocidos como Amaral y Louis Armstrong), o de escuchar el Live in Japan de Deep Purple con mi hermano y reírnos porque el cantante hacía sonidos graciosos. Mi caja de la música tiene incontables compartimentos, pero hay uno que yo considero especial. Contiene una serie de canciones que no están asociadas a ninguna anécdota concreta, pero que han estado conmigo desde el principio.

Recuerdo la primera vez que fui consciente de la existencia de este “compartimento” de mi ser. Tendría yo 13 o 14 años, y durante una conversación con una amiga mencioné Hotel California de los Eagles, esperando tan tranquila que ella supiese de qué le estaba hablando. Sin embargo, ella me preguntó qué canción era, y yo me quedé pasmada. No podía creerlo. No como cuando dices “¿Cómo puedes no conocer November Rain? ¡Es un clásico!”, sino porque sinceramente pensaba que todo el mundo la conocía, que era un requisito para acabar la primaria.

Me dí cuenta de que había una lista de canciones que para mí siempre habían estado ahí, que no sabía cómo habían entrado en mi vida y que por mucho tiempo que pasara sin escucharlas, recordaba a la perfección. Supongo que cada uno tendrá las suyas, y que algunos no tendrán ninguna.

Non più andrai de Le Nozze di Figaro. Proud Mary, Have you ever seen the rain? y Cotton Fields de Creedence Clearwater Revival. Drive my car, Hey Jude y Here comes the sun de The Beatles. The Boxer y Mrs. Robinson de Simon & Garfunkel.

¿Y de los Eagles? Take it easy, Hotel California, Tequila Sunrise, The best of my love, Lyin’ Eyes, Take it to the limit Son muchas, demasiadas para no llorar por uno de los hombres que las hizo posibles.

Descanse en paz.

Un comentario en “El Hotel California cierra sus puertas

  1. Yo no fui muy consciente de las diferencias que se hacen palpables al hablar de música hasta que un buen día, en una excursión les estaba preguntando a los niños el tipo de música que les gustaba para entretenernos mientras paseábamos y hacía tiempo para que no se cansaran de cantar canciones continuamente. Bueno, el caso es que uno de los niños me suelta: me gustan AC/DC, The Eagles, Bon Jovi, Rolling Stones, Rafael, EXTREMODURO… ¡me quedé alucinado! ¡un bicho de 8 años diciendo que sus papis le ponían esa música y que le encantaba! me entraron unas ganas enorme de pillar por banda a los padres y darles un abrazo enorme y decirles que estaban criando a su hijo de forma magnífica, jajajajajajaja.

    Pero si, hay muchas diferencias y cada uno de nosotros se siente tocado por un estilo, una canción, un grupo… eso es lo bello. Somos tan diferentes… que merece la pena conocernos para ser capaces de amarnos por esas diferencias. (si, se me ha ido la olla con un tema tan banal como la música folk rock)

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